Parte II · Capítulo 9
Cuando no hay parientes
Más lejos de lo que crees
Antes de hablar de las lenguas que no son parientes del español, conviene darse cuenta de hasta dónde llegan las que sí lo son. Mira esta tabla:
| español | persa (Irán) | sánscrito (India antigua) | ruso |
|---|---|---|---|
| padre | pedar | pitṛ | — |
| madre | mādar | mātṛ | mat' |
| tres | — | tri | tri |
| noche | — | — | noch' |
| nuevo | — | — | novyj |
El persa se habla a más de doce mil kilómetros de México. Y sin embargo, su padre tiene exactamente el mismo esqueleto que el tuyo: p · d · r. Su madre, también: m · d · r. No es casualidad ni préstamo. Es herencia: el persa, el sánscrito, el ruso y el español son ramas del mismo árbol indoeuropeo.
Esto quiere decir que el método de este manual no se acaba en el portugués y el inglés. Llega, con más esfuerzo, al ruso, al hindi, al persa. Cuanto más lejos está la rama, menos coderivados hay y más gastados están, pero el mapa sigue siendo el mismo.
El borde del mapa
Ahora sí: ¿qué pasa con el náhuatl, el árabe, el japonés, el chino, el maya? Ninguno de estos idiomas pertenece a la familia indoeuropea. Cada uno pertenece a otra familia, con su propia historia de miles de años.
La endolingüística llama macrosistema a cada una de estas grandes familias vista como un sistema. El indoeuropeo es un macrosistema. El semítico (al que pertenecen el árabe y el hebreo) es otro. El yutoazteca (al que pertenece el náhuatl) es otro. El sinotibetano (al que pertenece el chino) es otro.
Y hay una regla que no se rompe: los macrosistemas no se mezclan. No se compara un código del español con uno del árabe como si fueran de la misma lengua, porque no lo son. Hay dos razones.
La primera es la historia. Entre el español y el árabe no hay coderivados de herencia. Si encuentras una palabra árabe que se parece a una española, o es un préstamo (como azúcar o almohada, que viste en el capítulo 5), o es una coincidencia sin historia común: lo que en el capítulo 12 vas a llamar convergencia. Parentesco de herencia no hay.
La segunda razón es más profunda. En el capítulo 3 te dije que las clases son de una familia de lenguas: la región de la boca es la misma en todo el mundo, pero la sensación que un grupo de sonidos produce, y cómo se agrupan, puede cambiar de un macrosistema a otro. Cuando en este programa de investigación se midió si el campo de sentido de un código indoeuropeo aparece también en otras familias, coincidió muy pocas veces: menos de una de cada diez. Lo que sí se parece entre familias es algo más básico: que las lenguas organizan el sentido con patrones de consonantes. Cómo lo hacen, cada familia lo hace a su manera.
Lo que sí viaja: la manera de mirar
Entonces, ¿el manual no sirve para estos idiomas? Sirve, pero de otra forma. Lo que no viaja son los códigos concretos y sus campos. Lo que sí viaja es la manera de mirar: buscar el esqueleto, preguntarse qué es raíz y qué es añadido, sospechar que detrás de una lista de palabras hay un orden, y buscar ese orden dentro del sistema del idioma nuevo, no en el tuyo.
Te pongo dos ejemplos.
El árabe: una lengua de esqueletos
El árabe es el mejor ejemplo de que la idea de esqueleto no es un invento de este manual. En árabe, muchas palabras se construyen a partir de una raíz de tres consonantes, y el significado se modula metiendo vocales y añadidos alrededor. Mira la raíz k-t-b, que tiene que ver con escribir:
| palabra árabe | qué quiere decir | cómo se construye |
|---|---|---|
| kataba | escribió | la raíz con vocales a-a-a |
| kātib | escritor, el que escribe | la raíz con el molde del que hace la acción |
| kitāb | libro | la raíz con otro molde |
| maktab | oficina, escritorio: el lugar donde se escribe | ma- + la raíz: molde de lugar |
| maktaba | biblioteca, librería | el lugar de escribir, con otra terminación |
Todas llevan k · t · b en el mismo orden. Las vocales y el ma- del principio no son parte de la raíz: son moldes, piezas de gramática, y cada molde dice algo (el que hace, el lugar donde se hace). Quien aprende árabe aprende pronto a ver las tres consonantes por debajo, y cada raíz nueva le abre una familia entera de palabras.
Por eso el árabe y el hebreo se escriben sobre todo con consonantes, como viste en el capítulo 2. Para quien habla la lengua, el esqueleto es lo que carga el sentido, y las vocales las pone la gramática.
¿Eso quiere decir que k · t · b tiene algo que ver con alguna palabra española con esas consonantes? No. El árabe es otro macrosistema. Lo que te llevas del árabe no es un código, sino la confirmación de que mirar el hueso funciona también ahí, con los huesos de ese sistema.
El náhuatl: lo que te dejó en casa
El náhuatl no es pariente del español. Pero lleva quinientos años viviendo al lado, y te dejó un regalo en la cocina. Mira:
| náhuatl clásico | español |
|---|---|
| tomatl | tomate |
| āhuacatl | aguacate |
| chocolātl | chocolate |
Son préstamos, no coderivados. Pero fíjate en el final. Las tres palabras náhuatl terminan en -tl, y las tres palabras españolas terminan en -te. No es casualidad: -tl es una terminación muy frecuente de los sustantivos en náhuatl, y el español, que no tiene ese sonido al final de las palabras, la adaptó siempre de la misma manera. Es una regla de préstamo: una correspondencia, como las del capítulo 6, sólo que entre lenguas que no son parientes.
Si algún día estudias náhuatl, te conviene saber que esa -tl no es parte de la raíz: es un añadido, como la -s del plural en español. Toma-, āhuaca-, chocolā- son lo que queda cuando se la quitas. Y a partir de ahí, lo que tienes que aprender son las estructuras del náhuatl, desde dentro del náhuatl.
Aprender un sistema desde dentro
Cuando no hay coderivados que te sirvan de ancla, el trabajo cambia de forma. Ya no se trata de reconocer tus palabras con otro acento. Se trata de aprender cómo piensa el sistema: cómo construye las palabras, qué partes son raíz y qué partes son molde, qué sonidos agrupa, qué distinciones le importan. En el árabe, las raíces de tres consonantes y los moldes. En el chino, el tono, que es parte de la palabra (lo verás en el próximo capítulo). En el náhuatl, las terminaciones y la costumbre de juntar raíces para hacer palabras largas.
Esas estructuras también se descubren estudiando los códigos de ese sistema: sus esqueletos, sus raíces, sus repeticiones. Pero se descubren dentro de él.
Y aquí hay una pregunta que no tiene respuesta fácil, y que te dejo abierta. Cuando alguien que habla español estudia cómo «piensa» una lengua de otro macrosistema, ¿cómo sabe que está descubriendo algo de esa lengua, y no proyectándole su propia manera de pensar? Descifrar el pensamiento de otro pueblo y ponerle encima el propio se parecen demasiado. Lo único que ayuda es la humildad: preguntar a quienes hablan esa lengua desde niños, contrastar, y no confundir lo que a ti te parece con lo que es.
En la Parte III dejamos por un momento el esqueleto y nos vamos a la carne: las vocales, el ritmo, el tono, todo lo que la voz dice además de las consonantes.