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Las palabras tienen hueso

Parte II · Capítulo 6

Las reglas del viaje

Un truco que se aprende una vez

Imagina que alguien te da una lista de cuarenta palabras en un idioma que no conoces y te dice: «apréndetelas». Ahora imagina que, en vez de eso, te da una sola regla y te dice: «con esto puedes adivinar treinta de las cuarenta». ¿Qué prefieres?

Las lenguas emparentadas no cambian las palabras al azar. Las cambian con reglas, y cada regla se aplica a cientos de palabras a la vez. A esas reglas la lingüística las llama correspondencias: donde una lengua tiene tal sonido, la otra tiene tal otro. Aprender una correspondencia es aprender un truco una vez para usarlo mil.

Este capítulo te enseña varias. Pero no te las voy a dar como lista. Te voy a poner las palabras delante y vas a ver la regla tú. Así funciona mejor: lo que descubres, lo recuerdas.

La h que era una f

Empecemos en casa. Mira estas palabras en cuatro lenguas que vienen del latín, y en el latín mismo:

españolportuguésitalianofrancéslatín
hacerfazerfarefairefacere
hijofilhofigliofilsfilius
hierroferroferroferferrum
harinafarinhafarinafarinefarina
hilofiofilofilfilum
hojafolhafogliafeuillefolium
hornofornoforno—furnus

Mira la primera letra de cada columna. ¿Qué ves?

Donde el latín, el portugués, el italiano y el francés tienen f, el español tiene h. Y esa h no suena. Es decir: el español perdió la f inicial del latín. No en una palabra, sino en todas estas y en muchas más.

¿Por qué, entonces, se escribe la h? Porque es la huella de la f. En el español antiguo, hace unos ochocientos años, todavía se decía fazer, fijo, fierro, forno. Poco a poco la f se fue suavizando hasta volverse un soplo, que se escribió h, y después el soplo desapareció. La ortografía se quedó con la letra, como quien guarda la foto de un pariente que ya no está.

Ya puedes contestar la pregunta que dejé pendiente en el capítulo 2. La h muda del español está ahí, muchas veces, porque antes hubo una f.

La regla tiene sus propias reglas

Ahora mira estas palabras: fuego, fuerte, flor, frente. Vienen del latín focus, fortis, flos, frons, y conservan la f. ¿Rompen la regla?

No del todo. Fíjate en lo que viene después de la f: en fuego y fuerte, el diptongo ue; en flor y frente, una consonante fluida, l o r. En esas posiciones la f resistió. (No siempre fue fácil: durante un tiempo se dijo también huego, y al final ganó la forma con f.) Una regla con excepciones que tienen su propia explicación no es una regla rota. Es una regla más precisa.

Lo que le pasa al código

Esto tiene una consecuencia para el código. Cuando el español pierde la f, el código pierde una clase: filius empezaba con Φ; hijo, no. El portugués filho y el italiano figlio la conservan. Si quieres encontrar el código original de una palabra española que empieza con h muda, muchas veces te conviene mirar a sus primas: el portugués y el italiano guardaron lo que el español perdió.

Lo que hizo el español con cl, pl y fl

Otra tabla. Esta vez el latín empieza con dos consonantes juntas.

latínespañolportuguésitalianofrancés
clavisllavechavechiaveclé
pluvialluviachuvapioggiapluie
flammallamachamafiammaflamme
plenusllenocheiopienoplein

Cuatro lenguas, cuatro soluciones distintas para el mismo problema. El francés conservó los grupos cl, pl, fl. El español los convirtió en ll. El portugués, en ch (que en portugués suena sh). El italiano cambió la l por una i: chi, pi, fi.

Si hablas español y quieres aprender portugués, esta regla sola te regala decenas de palabras: donde tú dices ll y el latín tenía cl, pl o fl, el portugués dice ch. Llamar es chamar. Llave es chave. Lluvia es chuva.

Lo que hizo con ct

Una más. Esta vez el grupo latino está en medio de la palabra.

latínespañolportuguésitalianofrancésinglés
noctemnochenoitenottenuitnight
octoochooitoottohuiteight
lactemlecheleitelattelait—

El grupo latino ct se volvió ch en español, it en portugués, tt en italiano. Y fíjate en la última columna: el inglés night y eight no vienen del latín, sino de la rama germánica, pero son coderivados de noche y ocho. Todos vienen de las mismas palabras protoindoeuropeas.

La ley de Grimm: del español al inglés

Ahora vamos al viaje más útil para ti: el que separa al español del inglés.

Las lenguas germánicas —el inglés, el alemán, el neerlandés, el sueco— sufrieron hace más de dos mil años un cambio en cadena en sus consonantes. Lo describió en 1822 Jacob Grimm, el mismo de los cuentos de los hermanos Grimm. Por eso se llama ley de Grimm. El latín, en cambio, no sufrió ese cambio. Por eso, comparando palabras españolas (de origen latino) con palabras inglesas (de origen germánico), puedes ver la ley en acción.

Mira estos grupos. En cada uno, busca qué consonante del español corresponde a qué consonante del inglés.

Grupo 1.

españolinglés
padrefather
piefoot
pezfish
lleno (latín plenus)full

Grupo 2.

españolinglés
dientetooth
dostwo
diezten

Grupo 3.

españolinglés
corazónheart
cuernohorn
cien (latín centum)hundred
can («perro», en lenguaje literario)hound («perro de caza»)
quiénwho

Grupo 4.

españolinglés
tresthree

Grupo 5.

españolinglés
gélidocold
conocer (latín cognoscere)know (antes se decía cnāwan)

¿Las encontraste? Donde el español (el latín) tiene p, el inglés tiene f. Donde tiene d, el inglés tiene t. Donde tiene k (escrita c o qu), el inglés tiene h. Donde tiene t, el inglés tiene th. Donde tiene g, el inglés tiene k (escrita c o k, aunque en know ya no suene).

Por qué esto le conviene al código

Aquí está lo mejor. Fíjate en qué pares de sonidos intercambia la ley de Grimm:

¡La ley de Grimm casi nunca saca a un sonido de su clase! Cambia el disfraz, pero no la persona. Por eso el código de padre y el de father son idénticos, Φ·Θ·Λ, aunque las letras sean distintas. Y por eso las clases son un instrumento tan bueno para ver parentescos entre el español y el inglés: están hechas de tal manera que el cambio más grande que separa a las dos lenguas queda, casi entero, dentro de cada clase.

Del inglés al alemán

Si ya sabes algo de inglés y quieres aprender alemán, hay otra regla que te conviene. El alemán sufrió un segundo cambio en cadena, que el inglés no sufrió.

inglésalemán
tenzehn
twozwei
tongueZunge
heartHerz
waterWasser
appleApfel
pepperPfeffer
makemachen
bookBuch
breadBrot

Donde el inglés tiene t al principio, el alemán tiene z (que suena ts). Donde el inglés tiene t en medio, el alemán muchas veces tiene ss. Donde el inglés tiene p, el alemán tiene pf o ff. Donde el inglés tiene k, el alemán tiene ch. Donde el inglés tiene d, el alemán tiene t.

Aquí, a diferencia de la ley de Grimm, algunos cambios sí sacan al sonido de su clase: la t de ten (Θ) se volvió la ts de zehn, que termina en silbido (Σ). Cuando eso pasa, el código cambia. No es un fallo del método: es información. Te dice que ese cambio fue más drástico.

Del español al francés

Una última, corta. Mira:

españolfrancés
cantarchanter
campochamp
caballocheval
cabrachèvre
casachez

Donde el español tiene ca, el francés tiene muchas veces cha o che (con el sonido sh). La última es mi favorita. El francés chez quiere decir «en casa de»: chez moi, en mi casa. Viene del latín casa, la misma palabra que tu casa. Se gastó tanto que quedó convertida en una preposición.

Las reglas no son leyes de hierro

Todo lo que has visto en este capítulo son tendencias con razones, no leyes absolutas. Hay excepciones. Algunas las explica una regla más fina (como la f de fuego). Otras las explica un préstamo: una palabra que llegó después de que la regla ya había actuado, y por eso no la sufrió. Otras todavía no tienen explicación.

Enseñarte las correspondencias como si fueran absolutas sería sembrarte una confianza falsa. La forma correcta de usarlas es como una apuesta informada: te ayudan a adivinar, y después compruebas.

En el próximo capítulo tienes estas reglas reunidas por idioma, como un mapa de bolsillo para cada lengua que quieras aprender.