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Las palabras tienen hueso

Parte I · Capítulo 3

Siete regiones de la boca

Un país pequeño

Este capítulo se lee en voz alta. Si estás en un lugar donde no puedes hacer ruido, guárdalo para después.

Di despacio, uno tras otro: p, b, f, v. Fíjate dónde ocurren. Los cuatro pasan en el mismo lugar: los labios. En p y b los labios se cierran y se abren de golpe; en f y v el labio de abajo toca los dientes de arriba y el aire se escurre. Son sonidos distintos, pero viven en la misma región.

Ahora di t, d. La punta de la lengua toca atrás de los dientes de arriba. Si sabes decir la th del inglés (think, that), también está aquí: la lengua entre los dientes.

Di k, g, y la j de jota. Esto ocurre al fondo, donde la lengua se levanta contra el paladar blando, cerca de la garganta.

Di s, sostenida: sssss. Y sh, como cuando pides silencio: shhhh. Y la ch de chile. Son silbidos: el aire sale apretado y hace ruido.

Di l, r, rr. La lengua no tapa el paso del aire: lo desvía por los lados, o vibra. El aire fluye.

Di mmmm con la boca cerrada. Sientes el zumbido en los labios y en la nariz.

Y di nnnn. También zumba por la nariz, pero ahora la boca está abierta y la lengua arriba.

Acabas de recorrer un país pequeño que tiene siete regiones. Todas las consonantes que usas —y casi todas las de los idiomas que vas a aprender— viven en alguna de ellas.

Corte de perfil de la cabeza con las siete regiones de la boca Φ Θ Σ Λ Χ Ϻ Ξ labios dientes silbido lengua fondo aire por la nariz
Las siete regiones, en un corte de perfil. Φ labios · Θ dientes · Σ el silbido, justo detrás de los dientes · Λ la lengua deja fluir el aire · Χ el fondo · Ϻ y Ξ zumban por la nariz (Ϻ con los labios cerrados, Ξ con la lengua arriba).

Las siete clases

La endolingüística llama a estas regiones clases, y a cada una le da un símbolo griego. Aquí está el mapa completo:

símbolose leeregiónconsonantes que viven ahí
Φfilos labiosp, b, f, v
Θthetalos dientest, d, la th inglesa
Χjiel fondok, g, j, la h inglesa y alemana
Σsigmael silbidos, z (la del inglés zoo), sh, ch
Λlambdalas fluidasl, r, rr
Ϻsanel zumbido cerradom
Ξxi (ksi)el zumbido abierton, ñ

Este es el cuadro que más vas a usar en todo el manual. Está repetido en el Anexo A para que lo tengas a mano.

Una letra es un disfraz; la familia es la persona

Aquí está la primera idea técnica importante, y también la más liberadora.

Cuando comparas padre con father, la primera letra es distinta: p en un caso, f en el otro. Si comparas letras, son palabras diferentes. Pero las dos consonantes viven en la misma región, la de los labios. Si comparas clases, las dos palabras empiezan igual: con Φ.

palabraesqueletoclases
padrep · d · rΦ · Θ · Λ
fatherf · th · rΦ · Θ · Λ
Vaterf · t · rΦ · Θ · Λ
paterp · t · rΦ · Θ · Λ

Lo que en la tabla de letras eran cuatro palabras distintas, en la tabla de clases es una sola secuencia, repetida cuatro veces. La p y la f son disfraces distintos de la misma persona. Por eso el parentesco entre padre y father es invisible para quien compara letras, y evidente para quien compara clases.

¿Y por qué símbolos griegos, y no simplemente las letras P, T, K? Porque las letras pertenecen a cada lengua. La p es del español; la th es del inglés. Si escribiéramos la clase de los labios con una P, tarde o temprano alguien pensaría que la f de father es una p mal pronunciada, y eso es falso. Las clases no son letras de ninguna lengua. Merecen un nombre que no sea de nadie.

Tres reglas finas

Casi siempre, clasificar es inmediato. Pero hay tres casos que confunden al principio.

1. El silbido es sólo el silbido. La f también hace ruido de aire, y la j también, y la th también. Pero ni la f ni la j ni la th son Σ. ¿Por qué? Porque la clase se decide por dónde ocurre el sonido, no por cómo. La f ocurre en los labios, así que es Φ. La j ocurre al fondo, así que es Χ. La th ocurre en los dientes, así que es Θ. En Σ sólo entran los verdaderos silbidos: s, z, sh, ch.

2. La ch se lee por su final. Si dices ch muy despacio, notas que empieza como una t y termina como un silbido: t-sh. Es un sonido de transición. La regla es leerlo por donde termina, así que la ch es Σ.

3. La frontera de la ll y la y. En el capítulo anterior te pedí que marcaras la ll de llave entre paréntesis. La razón es que ese sonido está justo en el límite entre vocal y consonante: en unas bocas suena casi como una i, en otras casi como la j francesa. Cuando lo estudiamos con cuidado, vimos que forzarlo a una clase metía errores en todo lo demás. Así que por ahora queda como caso frontera: se anota, se ve, y no se clasifica a la fuerza. Es una buena lección de método. Cuando algo no encaja, es mejor dejarlo marcado que esconder la duda.

Lo que una clase es

Hasta ahora te he presentado las clases como regiones de la boca, y es la forma correcta de empezar. Pero no es toda la historia, y te debo el resto.

Las siete clases se llaman OAS, por sus siglas en inglés: Originating Affective Sounds, sonidos afectivos originarios. El nombre dice algo importante. Una clase no es un sonido. Es la sensación que ciertos sonidos producen en quien los dice y en quien los oye. Esa sensación está anclada en el cuerpo —en la región de la boca donde se hace el sonido—, pero no es lo mismo que el sonido.

Puedes notarlo tú. Di mmm con la boca cerrada: hay algo de adentro, de cierre, de quedarse. Di ¡pa!: algo sale, algo se abre de golpe. Di t: algo se detiene en seco. Di sss: algo se escapa, continuo. Di lll: algo corre, se desliza. Di k con fuerza: algo se junta atrás y empuja. Di nnn: algo resuena por dentro.

Cada clase tiene algo así como un carácter. La endolingüística lo estudia con cuidado. Y justo por eso tengo que ponerte ahora la advertencia más importante de toda la Parte I.

Esta advertencia existe porque la tentación es enorme. Parece natural pensar: «si la m se siente como cierre y la t como límite, entonces una palabra con m y t significa "cierre con límite"». Ese razonamiento se llama sumar clases, y está prohibido en este método. No por capricho, sino porque no funciona: produce significados inventados que parecen profundos y no resisten ninguna prueba. Quien convierte las sensaciones de los sonidos en significados de palabras ya no está haciendo endolingüística. Está haciendo otra cosa, parecida a la numerología.

¿Entonces para qué sirven las clases? Sirven para ver: para reconocer que padre y father son la misma secuencia bajo dos disfraces. Y sirven como piezas de algo más grande. El sentido, cuando aparece, no aparece en las clases sueltas. Aparece cuando las clases se combinan en un orden y esa combinación se repite en muchas palabras de muchas lenguas. A esa combinación la llamamos código, y es el tema del próximo capítulo.

Una clase es de una familia de lenguas

Una última precisión. Las siete clases de este capítulo son las que propuse para nuestra familia de lenguas, la indoeuropea. Las bocas de todo el mundo tienen los mismos labios, los mismos dientes y el mismo fondo, así que las regiones físicas son las mismas en todas partes. Pero la sensación que un grupo de sonidos produce, y cómo se agrupan los sonidos entre sí, puede cambiar de una familia de lenguas a otra. Un sonido que en nuestra familia se siente como fuerza puede sentirse de otro modo en otra familia. Por eso las clases no se trasladan sin más a lenguas de otras familias, como el náhuatl, el árabe o el japonés. Volveremos a esto en el capítulo 9.