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Las palabras tienen hueso

Parte I · Capítulo 1

Tus palabras son muy viejas

Tres escenas

Primera escena. Es lunes, primera clase de inglés del semestre. La maestra reparte una lista: father, padre; foot, pie; fish, pez. Tienes que aprendértela para el viernes. La repites, tapas una columna con la mano, la vuelves a repetir. El martes ya se te olvidó la mitad. Nadie te dijo por qué el padre se dice father y no blorp. Te dieron un puñado de datos sueltos, como quien reparte cartas, y te dejaron solo con ellos.

Segunda escena. Le escribes a alguien por el celular, rápido, con una mano: q tal, tmb voy, bn. Nunca te lo enseñaron, pero sabes hacerlo. Y fíjate en lo que haces: les quitas a las palabras casi todas las vocales y les dejas casi todas las consonantes. Nunca al revés. Nadie escribe ue a, a o para decir «qué tal, ahí voy». Sin que nadie te lo haya explicado, sabes que el mensaje sobrevive sin vocales y no sobrevive sin consonantes.

Tercera escena. Pon en fila cuatro palabras que significan lo mismo en cuatro lenguas:

españolinglésalemánlatín
padrefatherVaterpater

Suenan distinto. Se escriben distinto. Pero ahora haz lo mismo que haces en el celular: quítales las vocales.

españolinglésalemánlatín
p · d · rf · th · rv · t · rp · t · r

Algo aparece. Las cuatro palabras quedan reducidas casi a lo mismo: tres consonantes, siempre en el mismo orden. Y las diferencias que quedan tienen un aire de familia. La p, la f y la v se hacen con los labios (el alemán escribe Vater pero lo pronuncia fáter: la ortografía te engaña, la boca no). La d, la t y la th inglesa se hacen con la punta de la lengua contra los dientes. Y la r es la r en las cuatro.

Tres escenas, un problema. La lista de la primera escena parece un montón de datos sin costura. La segunda escena dice que tú ya sabes, sin saberlo, que las consonantes son lo que sostiene a una palabra. Y la tercera sugiere que, si miras las consonantes con cuidado, la lista deja de ser un montón: father no es una palabra ajena que hay que memorizar, es padre dicha con otro acento, un acento que tiene reglas.

Este manual trata de ese acento con reglas, y de lo que hay debajo.

Una familia de lenguas del tamaño de medio mundo

¿Cómo es posible que padre y father sean la misma palabra, si el español viene del latín y el inglés no?

La respuesta es que el latín y el antepasado del inglés eran, a su vez, hermanos. Hace unos cinco o seis mil años, en algún lugar entre el este de Europa y el oeste de Asia, vivía un pueblo cuya lengua no dejó ninguna escritura. No quedó una sola tablilla, ni una piedra grabada, ni siquiera su nombre. Los estudiosos la llaman protoindoeuropeo, a falta de un nombre mejor. Proto quiere decir «primero»; indoeuropeo, que sus descendientes se extendieron desde la India hasta Europa.

Esos descendientes son muchísimos. Del mismo tronco salieron el latín (y de él el español, el portugués, el italiano, el francés, el catalán, el rumano), las lenguas germánicas (el inglés, el alemán, el neerlandés, el sueco), el griego, las lenguas eslavas (el ruso, el polaco), las celtas (el irlandés, el galés), el persa, el hindi y muchas más. Casi la mitad de la humanidad habla hoy una lengua de esta familia.

Árbol simplificado de la familia indoeuropea protoindoeuropeo hace unos 5.000 a 6.000 años itálicagermánicagriegaindoiraniaeslava (latín) españolportuguésitalianofrancéscatalánrumano inglésalemánneerlandéssueco griego persahindisánscrito rusopolacocheco Muy simplificado: faltan ramas (celta, báltica, armenia…) y muchas lenguas.
La familia indoeuropea, muy simplificada. El español y el inglés están en ramas distintas del mismo árbol.

Mira lo que le pasó a una sola palabra, el número tres, en algunos de estos parientes:

lenguatres
españoltres
inglésthree
alemándrei
griego antiguotreís
lituanotrỹs

Cinco lenguas que se separaron hace miles de años, en lugares que no tenían contacto entre sí, y todas guardaron lo mismo: una consonante de dientes seguida de una r.

Nadie escribió el protoindoeuropeo. Todo lo que ese pueblo dijo viajó de una boca a un oído, durante cientos de generaciones, cambiando un poco en cada tramo. Y sin embargo, algo de lo que decían sigue vivo en tu boca cada vez que cuentas hasta tres.

¿Qué sobrevivió al viaje?

Aquí está la pregunta que sostiene todo el manual. Si una palabra viajó de boca en boca durante cinco mil años, cambiando de forma en cada generación, ¿cómo puede alguien afirmar en serio —no como poesía, sino como conocimiento— que tres y three son la misma palabra?

Para poder afirmarlo, algo tuvo que sobrevivir al viaje. Algo más duro que las modas, más terco que los siglos.

La lingüística histórica descubrió qué era en el siglo XIX, y es una de las grandes hazañas silenciosas de la ciencia. Descubrió que los sonidos de una lengua no cambian al azar: cambian con reglas. Donde el latín ponía p, las lenguas germánicas pusieron f, y no en una palabra sino en cientos, todas a la vez. Donde el latín ponía t, el inglés puso th. Si conoces la regla, puedes seguir a una palabra a través de los siglos aunque haya cambiado de ropa diez veces.

En este manual vas a aprender varias de esas reglas. Pero no te las voy a dar como una lista para memorizar. Vas a descubrirlas tú, mirando palabras. Esa diferencia importa más de lo que parece.

Endo: por dentro

¿Y la endolingüística? ¿Qué añade a todo esto?

La palabra se entiende por partes. Endo, en griego, quiere decir «dentro». La endolingüística estudia lo que las lenguas llevan por dentro: no lo que dicen, sino cómo están organizadas por debajo de lo que dicen.

Conviene distinguir dos capas desde ahora:

  1. El exolenguaje es la lengua tal como aparece: las palabras que oyes y dices, la gramática, la ortografía, lo que viene en el diccionario. Es la capa de fuera.
  2. El endolenguaje es la organización profunda que sostiene a la de fuera: unos patrones de consonantes que se repiten, que viajan de lengua en lengua, y que orientan el sentido de las palabras sin que nadie se dé cuenta.

A esos patrones la endolingüística los llama códigos. Un código es, dicho rápido, el esqueleto de consonantes de una palabra visto de una manera especial. Vas a aprender a leerlos en los próximos tres capítulos.

Y tienen una utilidad muy concreta. Un código es lo que padre y father comparten por debajo del disfraz. Si aprendes a verlo, cada palabra nueva de un idioma emparentado con el tuyo deja de llegar sola. Llega conectada a algo que ya sabes. Eso cambia la forma en que se aprende una lengua, y el capítulo 8 te explica por qué.

Lo que este capítulo no dice

Antes de seguir, dos aclaraciones, porque las malinterpretaciones empiezan temprano.

La primera: no todas las palabras de todas las lenguas están emparentadas. Padre y father lo están; eso está documentado. Pero hay palabras que se parecen muchísimo y no son parientes, y aprender a distinguir unas de otras es la mitad del trabajo. (Que no sean parientes no quiere decir que su parecido no signifique nada; eso lo verás en el capítulo 12.)

La segunda: un código no es el «significado secreto» de una palabra. Esa idea es tentadora y es falsa. Qué es un código, entonces, lo vas a ver en el capítulo 4. Por ahora quédate con esto: el código no te dice qué significa una palabra; te dice dónde buscar.

En el próximo capítulo aprenderás la primera operación de todo el método, la más sencilla: separar el hueso de la carne.