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Las palabras tienen hueso

Cierre

Al lector

Si llegaste hasta aquí, ya sabes hacer cosas que al principio del manual no sabías.

Sabes quitarle a una palabra la carne y quedarte con el hueso, y sabes que el hueso se saca del sonido y no de la letra. Sabes que tu boca tiene siete regiones, y que una p y una f pueden ser la misma persona con distinto disfraz. Sabes leer un código, y sabes que un código no significa: orienta. Sabes distinguir un pariente de un préstamo y de un desconocido que se parece. Sabes por qué hijo se escribe con h, por qué el portugués dice chave donde tú dices llave, y qué tienen que ver Jacob Grimm y los cuentos de hadas con tu clase de inglés. Sabes que la voz dice cosas que las palabras no dicen. Y sabes que mucho y much no son parientes, aunque todo en ellas grite que sí; y que eso no borra su parecido, que sigue ahí como un misterio abierto.

También sabes lo que este manual no te pide. No te pide que creas que las palabras tienen significados secretos. No te pide que sumes consonantes para adivinar sentidos. No te pide que expliques a un pueblo por los sonidos de su lengua. Esas lecturas no quedaron fuera por prejuicio: quedaron fuera porque no funcionan, y porque a veces hacen daño.

Y sabes que hay preguntas abiertas. Qué son los códigos. Cuánto ayudan de verdad. Qué pasa en el cerebro cuando un pensamiento se vuelve voz. Nadie tiene todavía esas respuestas.

Te dejo una imagen. Al principio del manual había una lista de inglés que se olvidaba al día siguiente: father, foot, fish. Tres palabras sueltas, como cartas repartidas. Ahora mira la misma lista otra vez. Ya no son tres datos. Son tres asomos de una sola regla, y detrás de la regla hay una familia de cinco mil años que se extiende de la India a Irlanda. Una de sus ramas pasó por los bosques de Germania y llegó a Inglaterra; otra pasó por Roma y llegó, esta noche, a tu boca. La lista no cambió. Cambiaste tú.

Una última sugerencia, que no requiere comprar nada ni inscribirse en ningún lado. Esta noche elige una palabra cualquiera de las tuyas. Quítale las vocales. Mira el hueso. Y pregúntate de dónde viene: cuánto habrá viajado para llegar, precisamente hoy, precisamente a ti.

Las palabras tienen hueso. Ahora ya sabes dónde buscarlo.

Y si quieres seguir, te espero en www.endolinguistics.science y en www.independentbooks.site.

A. T. M.